viernes, 3 de septiembre de 2010

LAS FALENCIAS DE LA RELACIÓN ESTADO-TERRITORIO COLOMBIANAS… ¿QUÉ HAY POR HACER?






Colombia a partir de la “independencia” de España ha buscado la consolidación de la democracia moderna como forma de organización política, así como la búsqueda de la creación/fortalecimiento del Estado nación en el territorio. Este ha sido y sigue siendo un proceso inacabado y problemático. Ahora bien, estos sistemas organizativos traen consigo una cierta racionalidad y unas concepciones ideológicas, las cuales lo hacen posible. Me propongo analizar, a la luz de Schmitt, Fals borda, Molano, entre otros, la democracia y el Estado legislativo colombiano a partir de la carta constitucional de 1991, y la relación de estos con el problema del espacio y la territorialidad.
Presupuestos de la democracia.
Adoptar  la democracia como forma de organización política, significó aceptar su racionalidad y su lógica interna para que ésta pueda funcionar. Así, hay ciertos presupuestos que la hacen posible. Schmitt, señala en su texto ciertas características de la democracia, tales como lo son la homogeneidad per se del pueblo, es decir la creencia en la existencia de una voluntad general, así, “se presupone que, en virtud de la igualdad de lazos que liga a todos los integrantes de un mismo pueblo, todos quieren esencialmente lo mismo.” (Schmitt; 280). Con ello, la voluntad general por medio del escrutinio lo que hace es expresar una afinidad y una armonía anteriores presentes y que existen de una manera implícita en la sociedad. De ahí que Schmitt señale que “Toda democracia se basa en el presupuesto de un pueblo unitario, integral, homogéneo e indivisible, no hay, en realidad, para ella en lo esencial ninguna minoría, y menos aún una mayoría compuesta por minorías fijas y constantes”. (Schmitt; 280)
Asimismo, la democracia presente en Colombia está acompañada de una forma específica de Estado, según lo planteado por Schmitt el Estado legislativo. Este tipo de Estado, se caracteriza por la división entre la legislación y la ejecución, una separación entre la norma y la ley. Pero, ¿por qué esta división?, pues bien, el estado legislativo tiene como pilares fundamentales la racionalidad  y la creencia en la justicia, lo cual pone de manifiesto el lugar primario que se le otorga a la Ley.
La ley prima ante unos intereses privados. En el estado legislativo la ley no se encuentra permeada por ningún tipo de interés, pues la “fe” en la racionalidad y la justicia que practica el legislador es completa y es ella quien se encarga de legitimar este mismo sistema. El legislador, el cual debe ser uno solo, es decir él debe tener el monopolio de la legalidad, es la materialización del sistema funcionalista en el que se enmarca esta creencia absoluta en la racionalidad. Del mismo modo, el monopolio de la violencia, es necesario para la construcción del Estado-nación, además de la relación de este con un territorio.
Ahora bien,  en Colombia estas características fundamentales del Estado y de la democracia tienen una presencia incipiente en el país. Realmente la no consolidación del Estado y la poca participación de la sociedad civil ha ocasionado el surgimiento de  múltiples problemáticas, muchas de las cuales presentan un origen común: el territorio y los múltiples juegos de poder que en él se enmarcan.
LAS LUCHAS POR LA TIERRA, SON MÁS ALLÁ DE LUCHAS POR LA PROPIEDAD DE UNA  PARCELA.
Una de las problemáticas más graves y grandes respecto al incipiente desarrollo del proyecto Estado-nación colombiano, ha sido la lucha por la tierra y más que por la tierra, por el territorio. La tierra, es mucho más que un espacio  o un paisaje, en ella se ven plasmados todos los procesos no sólo ambientales, si no sociales, históricos, culturales, políticos y económicos del ser humano con el medio, siendo esta relación, una relación a doble vía, donde precisamente quien habita un lugar especifico interactúa y transforma el sitio donde se encuentra, así como el medio interactúa con el poblador.”El espacio geográfico es ese espacio-tiempo que estructura y proyecto una sociedad, integrada con y en la naturaleza, convirtiendo al territorio no en un actor mudo sino en un testimonio” (Molano; 5) Por ello, la lucha por el territorio en Colombia deja de ser la lucha por el poder conquistar un lugar ubicado espacio-temporalmente, para convertirse en una lucha por un lugar cargado de significantes, de significados (históricos) resultado de procesos sociales, permeado por relaciones económicas y relaciones de poder.
Al ser las relaciones entre el estado y el territorio tan frágiles se produce una pugna por el control territorial.  Cabe recordar que el proceso de poblamiento en Colombia, ha “resultado de formas de apropiación privada, con una dinámica colonizadora de territorios baldíos y de ampliación desordenada de la frontera agrícola.” (Naranjo; 3). Este proceso por parte del colono, ha sido el encargado de mejorar la tierra, lo que señala Molano bravo “el producto del colono- lo que él produce como mercancía para vender-, no es el maíz, ni la yuca, sino la mejora misma; es la tierra lo que el produce como valor de cambio, como su producto.” (Molano; 5). Señalar esto no es gratuito, pues, precisamente al entender esto podemos comprender que la valorización de tierras y precisamente el interés por unas tierras especificas por parte no sólo de grandes hacendatarios, sino por grupos al margen de la ley, sea guerrilla,  paramilitarismo o narcotraficantes,  no es fortuito.
Ahora bien, el monopolio de la violencia no se encuentra en este momento en manos del Estado. Realmente es cuestionable que alguna vez haya estado en su posesión. Pero, es precisamente por esto que el estado colombiano es frágil. Gracias al conflicto surgido alrededor del territorio, por la carencia en la regulación de la adquisición de tierras, y una real  reforma agraria, las luchas agraristas del 49 que se ven resueltas en la creación de grupos de autodefensas, que posteriormente se convertirán en guerrillas, además de ellos, el surgimiento de grupos armados, debido al auge de la revolución cubana(60’s); el surgimiento del paramilitarismo como respuesta reaccionaria frente a la conformación de estas formas de  lucha por el territorio los cuales nacen abogando por la defensa de unos intereses privados y particulares que, se encuentran en contravía con los intereses campesinos. Estos intereses, protegen aún hoy, la subsistencia de la acumulación de grandes extensiones de tierras en pocas manos, asimismo el fenómeno del narcotráfico, comienza a desplazar campesinos y a acumular extensiones de tierras debido al apoyo de estas fuerzas privadas.
A medida que las relaciones entre estos 3 actores políticos y armados se hacían más fuertes en diferentes puntos de Colombia, las movilizaciones campesinas no se hacen de esperar. Según Alejandro Reyes.” Todas las regiones de mayor intensidad de movilizaciones sociales son también aquellas donde más se violan los derechos humanos, donde más acciones realiza las guerrillas y donde han operado más los grupos paramilitares . Así, La movilización social se presenta prácticamente donde existe la violencia cruzada entre diferentes actores armados.”
Echandía, nos presenta una visión económica de la presencia de las guerrillas en Colombia, donde   los grupos armados hasta 1995 prefieren su asentamiento (principalmente) en regiones de latifundio ganadero y agrícola, la cual llega de un 8 % en 1985 a un 59 % en 1995; zonas de campesinado medio cafetero, donde la presencia en 1985 es de un 2 % y una década después llega al 53%; de igual forma, en los municipios donde predomina la agricultura comercial de tipo empresarial y la población rural es elevada, la presencia guerrillera registraba en el 13 % en 1985. Una década después se ubica en el 71 % de los municipios pertenecientes a esta categoría (Echandía; 29). Es decir, que la guerrilla incrementa su presencia en lugares de mayor gado de desarrollo, sin olvidar tampoco la manifestación en lugares “clásicos” como por ejemplo los lugares con mayor existencia de colonización.  Todo lo anterior, obedece a una táctica militar, política y económica implementada por la guerrilla característica del conflicto irregular. “En efecto, la localización de los grupos armados corresponde al desarrollo sistemático de planes estratégicos que encontró en el débil imperio de la ley el factor favorable.” (Echandía; 46).


EL PLAN DE ORDENAMIENTO TERRITORIAL: PRIMER PASO PARA LA CONTRUCCION DE PAÍS.
A medida que pasa el tiempo, el conflicto violento, las luchas y resistencias campesinas todas ellas articulados al conflicto por la propiedad pusieron sobre la mesa, la necesidad de un plan de ordenamiento territorial donde se reconociera las autonomías regionales y se reorganizara el territorio nacional, pues la falta de presencia del Estado colombiano, en las divisiones territoriales “eran y siguen siendo problemáticas, por obsoletas (no reflejan los cambio ocurridos en las regiones por las diversas olas colonizadoras y los nuevos medios de transporte); mal concebidas ; o mal ejecutadas(errores cartográficos y falta de mojones ciertos han llevado a conflictos por “soberanía” entre 18 departamentos hay 81 municipios)” (Borda; 238) 
Ahora bien, la intentona por parte de académicos de la comisión de ordenamiento territorial creada en 1991;  de reorganizar el territorio, en regiones autónomas, se suscribe precisamente a la creencia  reflejada en las memorias sobre el mismo, señalando el ordenamiento territorial como un instrumento del Estado para el logro de la eficiencia, la consolidación de la democracia y la descentralización, respetando las autonomías locales y velando por la unidad nacional, metas que debería lograr mediante una distribución armónica de la población, el desarrollo social y económica con el uso de los recursos naturales y la protección del ser humano y del medio ambiente.(citado en Borda pág. 237, del boletín Nº 11).
La tarea emprendida fue ambiciosa, pues, logro romper con las lógicas anteriores de la concepción del ordenamiento territorial como algo plenamente instrumental, utilizado únicamente como método para la distribución de los recursos económicos. Igualmente, la creencia en que la distribución de la tierra debe ser organizada de acuerdo únicamente a diferencias  geográficas que se olvidan de los procesos sociales de las cuales estos espacios han sido resultados. Como lo eran los modelos de la escuela geográfica clásica, la escuela geográfica neo clásica, la escuela del formalismo de Estado, entre otros.
Entre cosas las cosas que vale la pena mencionar respecto de este proceso, esta la reivindicación del municipio y la región como unidades validas en la forma de organización del territorio, las cuales apuntan a fortalecer las relaciones de los pobladores con su espacio, fomentar su identificación con el mismo, pues muchas de las veces este se presenta hostil, gracias a los cambio generados desde el gobierno, que desconoce la relación poblador-territorio.
Ahora bien, la re-definición del ordenamiento territorial es un primer paso para la construcción de democracia, sin embargo las resistencias, señala Fals Borda, son muchas y comprensibles: con todo cambio de limites se afectan circunscripciones electorales y lealtades partidistas, esto es, quedan en entredicho las bases del poder local y regional; y pueden también afectarse derechos de regalías al control de recursos naturales valiosos.
Ahora me permito señalar puntos que a mi parecer son problemáticos y que igual, más que dar resolución a preguntas, es mejor dejar planteados como temas de debate, para la construcción de un país y una ciencia como autóctonos.
1.     Los presupuestos que maneja El estado legislativo moderno, chocan con la realidad del país, el imperio de la ley no es tan tranparente y funcionalmente sin ninguna valoración, esta creencia en sí misma es problemática, pues la Carta constitucional fue permeada por diferentes intereses donde ciertos sectores económicos con poder político manejaron el acto legislativo.

2.     La existencia de grupos minoritarios reconocidos institucionalmente en la carta constitucional, pone en tela de juicio el presupuesto de la democracia moderna donde no existen minorías ni mayorías, sino todos hacen parte de una población ciertamente homogénea. Creo que el reconocimiento de nosotros como una Democracia hace que nos olvidemos de nosotros mismos, y de cómo estamos conformados.
3.     Por ello, me parece fundamente el intento en el POT del reconocimiento de las diferencias y autonomías que podemos encontrar en el país. Intentando pasar de una construcción del país meramente representativa, a una mejor forma, la participativa. Es necesario registrarnos como una sociedad plural que construye nación desde el reconocimiento de la diferencia.
4.     La presencia de grupos al margen de la ley, precisamente por la falta de estado, hace necesario empezar a cuestionarnos sobre el trato a estos grupos, más allá de lo que se ha venido haciendo. Asimismo todas estas falencias ponen en tela de juicio el sistema adoptado.

Lo que creo es que necesitamos empezar a buscar una alternativa para solucionar estas cosas desde nosotros mismos, atreviéndonos a pensar y equivocarnos también; aplicando y mejorando lo que tenemos en este momento, no sólo a nivel de la sociología, sino de pensarnos todos y cada una de nosotros y nosotras el país, reconociendo la complejidad de nuestro estado actual de cosas.


AUTOR: FLOR AURORA MÉNDEZ LINARES.
ESTUDIANTE UNIVERSIDAD NACIONAL DE SOCIOLOGIA

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